Hace unos meses me llenaron el escritorio con formalidades: nuevamente caía en las redes de ser un número más en la nómina.
En unas semanas tengo que renovar las pólizas de seguros. Revisando mis facturas mensuales he llegado a la conclusión de que no necesito un teléfono en mi casa (el celular se ha encargado de quitarle clientela a la telefonía regular), que el agua ha subido (ahora en julio del 2006 entramos en la fase dos de la revisión tarifaria), que pago una barbaridad por el cable y casi no veo tele mas que los fines de semana (dos días vs. siete, cinco que deberían dármelos a crédito, ¿se podrá pedir cable por día de semana que uno escoja?), que me la paso entre papeles: firma acá, paga allá.
Últimamente me he dado cuenta que vivimos bajo contratos y que nos relacionamos y nos protegemos en términos legales con ellos. Relaciones bancarias, relaciones profesionales, seguros y planes médicos, servicios básicos, etc. Todos se amparan en una fecha de expedición y otra de caducidad: "eres socio activo desde 1982", "por falta de pago su servicio será suspendido a partir de la fecha día/mes/año". Todos también están sujetos a aprobación y a actualización: "las partes involucradas concuerdan que a partir de 1997 la sección III no será cubierta por la póliza por tal o cual razón, manteniendo vigente la cláusula 5 efectivo hoy día/mes/año". Hay algunos, los pocos, que son a manera vitalicia, pero claro luego de haber mantenido una relación duradera llena de lealtad y respeto, digamos unos 25 años más o menos (sí, la confianza toma tiempo). En la mayoría de los casos a veces ya ni leemos las "letritas" de los legales sea por flojera, por ilusos, por tarados (sí, confundimos confianza con estupidez). Pero el factor "asterisco" siempre está ahí, omnipresente, protegiendo al más fuerte de cualquier embarre futuro en la relación establecida entre las partes: "Firma, no más".
Si para todo andamos con tanta tinta, tanta precaución, tanto descriptivo y mil revisiones para evitar las temidas demandas y sobornos; con las relaciones personales quisiera empezar a escribir contratos extensos y detallados que delineen lo que espero dar y recibir de cada persona a quien se lo entregue. Sean mis amigos, sean mis padres, sean los novios. Mira que me ahorraría complicación y media si consigo que me lo firmen. Así no hay lugar a decepciones, a traiciones (lo que hace el miedo ah...), a mentiras innecesarias (aunque siempre las hay, olvídense), a decir que "esto no es lo que me esperaba", a venir con excusas de que "bueno, la gente cambia".
Bajo los términos y condiciones de un contrato no queda nada al aire, todo se esclarece, todo esta establecido, firmado y sellado por notario público. Sí, estoy consciente de que existen los consabidos rompimientos de contrato (pero vaya que uno antes de entrar en esas mejor reconsidera). Asimismo, estoy al tanto de que cada contrato es renovable, que bajo decisión autónoma y en edad adulta y responsable, uno escoge si mantener o no esa relación, si enmendarla para extenderla por otros 5 años más o si dejarla expirar porque las partes no tienen interés y el propósito original del mismo ya no cumple con los requerimientos a cabalidad.
¿Y qué hay del argumento de que el matrimonio es un contrato? Ya. ¿En qué parte dice que él sacará siempre la basura y bajará la tapa del inodoro y te dirá que aún recién salida de sala de parto te ves divina? ¿Por dónde está que a ti mujer no se te olvide estar regia y de buen humor no importa si estás con la regla y que no te molestes si llega tarde y con tufo etílico la noche del "cumple" de tu madre?: "Por supuesto, no faltaba más"
Definitivamente hacer negocio no es sólo cuestión de dinero sino también de beneficio personal (recuerden: "satisfacción para ambas partes"). Ahora miro mi lapicerito negro, "fine pen" tinta permanente, de una manera más ilustre.




