Tengo fascinación, delirio, obsesión... bueno, el asunto va que muero por las manos. Llámenlo fetiche o fijación, pero las manos son lo máximo.
A través de ellas uno acerca todo aquello que le llama la atención. A través de ellas hacemos tangibles y reales lo inerte y lo vivo que nos rodea. Unas manos expresivas realzan cualquier conversación, le añaden dramatismo, la hacen veraz, entretenida, interesante. Pero también, con temblores de terror y culpa, delatan sin compasión hasta al más astuto.
Cada momento se aferra a nosotros si lo tocamos, si lo sentimos. No hay caricia perpetua sin ellas, no existen roces banales ni besos desechables si con las manos transmitimos todo lo que no nos atrevemos a decir. Sin palabras y en secreto recorren tu piel, activan tus nervios, desatan pasiones.
Por eso no toques sin querer, no plasmes tu presencia si lo genuino no está en ti, porque para ser cruel tienes la boca y tus manos... a ellas DÉJALAS sentir.



